Vinos del terruño griego

Por Amanda Díaz de Hoyo

Especial para ViBeer

San Juan, 2 de junio de 2022 – En la antigua Grecia, el dios Dioniso influyó en el hombre para que creara el vino. Dioniso, también regia la agricultura, la fertilidad, las fiestas y hasta la locura. Pronto comprendieron los griegos que para gozar todas las bondades del vino había que beberlo con moderación. Era parte de su dieta y sabían que aportaba bienestar a la salud. La fama del vino griego se extendió por el mundo de la antigüedad.  

Como cantaba Héctor Lavoe “Todo tiene su final, nada dura para siempre”. Así le sucedió al vino cuando llegó la era del Imperio Otomano, quienes dejaron a un lado las costumbres de los invadidos y con ellas el vino, que pasó a ser un producto artesanal agrícola.

Parece que los dioses del Olimpo estuvieron como las uvas en plena dormancia por esos siglos hasta, que se despertaron y a partir de los siglos 19 y 20, las cosas comenzaron a cambiar. En el siglo 19,  los griegos empezaron a producir ouzo —un aperitivo de anís— y brandy. Esto mayormente se producía por toneles. Ya en el siglo 20, se estableció el Instituto del Vino de Atenas, que gestionó un sistema de calidad para los caldos griegos. Ya para el 1969 tenían no solo el sistema sino una ley para asegurar la calidad del vino griego y así levantar esta agroindustria. Además, se propulsó en embotellamiento de vinos para fomentar la economía.

El suelo, el mar y el cielo

Los suelos griegos tienen a ser pobres, rocosos, arcillosos, arenosos, esquistos, y de marga. En islas como Santorini, los subsuelos son volcánicos y de piedra pómez. Los viñedos  están plantados en zonas cálidas, reciben buen sol por las condiciones climáticas estables y llevan la influencia del mar. Algunos se ubican a mayor altura, sobre 650 metros. Este dato resulta importante para la obtener de las cepas elegancia, acidez y equilibrio.

Las cepas de Zeus

Se dice que en Grecia hay sobre 300 cepas de virus vinifera autóctonas. En muchos casos, son bien locales y aportan a los vinos esos sabores tan distintivos que le llamamos puro “terroir”.

Una de las cepas blancas de mayor importancia para los blancos es Assyrtiko, que se destaca por su buena tolerancia a la acidez. Su cultivo está en Santorini y en otras áreas productoras.

La Roditis, una cepa de piel rosada, proviene del Peloponeso y se ha ampliado la siembra. La Savatiano la encontramos en el centro de Grecia y en Attica, y es la uva básica para el vino retsina, un vino blanco o rosé muy tradicional infusionado con la resina de un pino de Alepo. La Savatiano produce buenos vinos blancos.Otras cepas blancas son Moscophilero, Robola y Vilana, esta última proviene de Creta.

Los tintos incluyen la Agiorgitiko, de la zona de Nemea y la Limmo que llega de Lemnos pero que se cultiva con exito en Halkidiki, al norte del país. Esta cepa produce vinos con cuerpo y buena capacidad de guarda. La Xynomavro es clásica del norte griego mientras que la Mandelaria se planta mayormente en las islas para otorgarle color al vino manteniéndolo ligero de cuerpo. La cepa Mavrodaphne, que se planta al sur en Pratas, se usa en la elaboración de vino fortificado.

En Grecia, como en otros países productores, también se plantan cepas como Chardonnay, Sauvignon Blanc, Cabernet Sauvignon, Merlot, Garnacha y Syrah, que se unen a las autóctonas para brindar sabores específicos a los vinos. También las usan en vinos monovarietales.

En Grecia los estilos de vino son variados, blancos secos, blancos dulces, tintos, fortificados, vin santo y hasta espumosos.

Con la innovación tecnológica y avances en la vitivinicultura han surgido más viñedos, se han establecido bodegas y se han mantenido el viticultor tradicional pequeño, todos buscando el mismo fin: vino griego de elegancia y tradición. Bien sea en las regiones del norte griego, en el centro del país, en el Peloponeso o en las islas, el vino se respira con aire de triunfo.

Eso lo entendió John Carras, el magnate griego que estableció el primer viñedo boutique del país y que le abrió las puertas a otros quienes como él, le apostaban a vino como agroempresa.

Mi primera incursión con vinos griegos, fue en Mykonos, donde probé el Sauvignon Blanc de Alpha Estate, y el Kir Yianni, un tinto de Macedonia muy agradable.

Sin embargo, en la presentación del menú del restaurante griego OPA! Greek Kouzina, con los platos del chef. Fernando Soto, y los vinos que trae el dueño, Alex Ligno, pude repasar sabores y texturas con tres vinos de la bodega  Katogi Averoff.

Degustamos un blanco, un rosé y un tinto, cada uno con una expresión muy propia. El blanco es un vino que al principio se comportó austero pero fue abriendo en copa para develar aromas florales, frutales y minerales con un poco de miel, que se reflejó muy bien en el post gusto largo. La clave de este vino está en la cepas: Roditis. Chardonnay y Moscatel. Tiene buen punto de acidez que lo hace apropiado para el maridaje con pastas, frituras, pescad, aves y platos con hummus y arroz.

El rosé se adapta muy bien al trópico,, bien floral en aroma, con mucha presencia de frutas rojas refrescantes. Es ligero y al servirse fresco resulta muy agradable en paladar. Se elabora con la cepa Xinomavro y va súper bien con comida no solo griega y mediterránea sino con la asiática y la Nikkei.

El tinto evoca a los Tempranillos catalanes y a los Pinot Noir californianos. No lleva estas uvas sino Cabernet Sauvignon, Merlot y Agiosgitiko. Es un vino aromático, de cuerpo medio que va bien con platos cárnicos, salsas rojas y hasta vegetales a la brasa.

Estos y otros vinos de esta bodega, los INIMA, se consiguen directamente en OPA!. Además, comentó Alex Ligno, que trabajan aceites de oliva y especias griegas que pueden adquirirse en el mismo restaurante ubicado en Plaza Real Shopping local 109 en Guaynabo.

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